BIENVENIDOS A MMXVIII

Es la entrada que toca, casi una obligación por estas fechas y un punto de partida para muchos sueños, para muchos futuros alternativos que se mueven entre el quiero y no puedo, entre el parecía que sí pero no, o el tan manido este año…

Sea como fuere, cada nuevo año trae consigo una mochila de responsabilidades, de arrepentimientos y de esperanzas. A mí, cada vez me decepciona comprobar que este nuevo milenio no ha traído las maravillas que anunciaban las películas de los años ochenta: no hay monopatín volador, ni cazadora que se seca sola, ni pizzas del tamaño de una moneda de dos euros que en 5 segundos se convierten en una familiar… nada de lo que vimos en Regreso al Futuro se ha cumplido, a excepción de una cosa: nos hemos hecho viejos. Oxidados, pero no acabados.

¿Qué ha sido de 2017? Pues un año de muchos cambios muy profundos -en muchos aspectos- que han servido para evolucionar en positivo, avanzar hacia adelante sin dejar de mirar atrás pero sin dar la vuelta. Un año de gran crecimiento personal, de asimilación de lo que soy y lo que quiero ser.

La única pega, la literatura: este año he escrito mucho menos de lo que me gustaría. Por eso en 2018 encaro la firme tarea de terminar dos proyectos que tengo a medio hacer, y que con suerte verán a la luz la segunda mitad del año que acabamos de iniciar. Un libro de relatos y una novela, todo un desafío que encaro con ganas e ilusión.

Eso en cuanto a la escritura. Pero por si fuera poco y en un ejercicio de locura sin precedentes en mi vida, he decidido volver a los estudios. Tantos años después, y sin haber catado todavía un patín aerodeslizadorZemeckis arruinaste mi vida- volveré meterme de lleno entre libros de texto, apuntes y litros de café en épocas de exámenes. Y lo haré, pues estudiaré Filosofía; una excelente excusa para dar rienda suelta a mi, en ocasiones, incontenible verborrea escrita. Y para qué engañarnos, todo lo relacionado con temas filosóficos me ha gustado desde pequeño. ¿Quiero ser filósofo? No. ¿Profesor de Filosofía? Ni por asomo.

Entonces, ¿por qué? Porque me apetece mucho y me ilusiona. Es una deuda pendiente que tengo con mi madre, pero sobre todo con mi yo veinteañero que perdió momentáneamente el rumbo y dejó de estudiar para ponerse a trabajar.

Brindo por ti, compañero perdido en el pasado, por un increíble 2018.

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