MIREMOS UN CUADRO (I): “LA RONDA NOCTURNA” – REMBRANDT

  • Título original: De Nachtwacht
  • Autor: Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669)
  • Fecha: 1642
  • Estilo: Barroco holandés.
  • Método: Obra realizada al óleo mediante pincel

Rembrandt era un maestro del realismo, quizás el mejor de su época (y uno de los mejores de la historia). En esta obra suya contemplamos una escena en la que la compañía de arcabuceros, a los mandos de Frans Banning Cocq, se dispone a iniciar una ronda nocturna. Sabemos que es el principio porque aún es de día (la luz nos lo indica), y también porque vemos a Cocq junto a su teniente, al cual parece darle las primeras indicaciones para ponerse en marcha. Al mismo tiempo, detrás, vemos un tambor que se empieza a tocar, alguien echa a correr, se levanta la insignia, se preparan las armas… todo el cuadro se pone en marcha en ese preciso instante que dibuja Rembrandt. Es el inicio exacto de la ronda.

Banning Cocq y Van Ruytenburch

Rembrandt es un maestro del juego de luces, y podemos observar en un primer plano a Banning Cocq y Van Ruytenburch; ambos da la sensación de estar saliendo de la formación, del tumulto, ¡pero también del propio cuadro! Este efecto tridimensional tan alucinante se crea porque la lanza de Ruytenburch apunta hacia el espectador, un truco que también hace la mano de Cocq. Ambos gestos, sumando el juego de luces y sombras (la luz recae en Ruytenburch, que resalta gracias a sus ropas claras que reflejan ese brillo; está en claro contraste a la vestimenta oscura de Cocq que difumina su figura pero realza su rostro y gesto con la mano) consigue engañar a nuestra vista y dotar a esos personajes de un dinamismo espectacular. Sobresalen del resto de forma intencionada y para dejar claro que son ellos los que dominan, tanto aquella comitiva como el cuadro en general.

La “niña del pollo”.

La luz y los colores. Esos son los dos aspectos esenciales del cuadro y con los que consigue (junto a la composición) una obra de múltiples planos dinámicos que están conectados pero que tienen vida propia por separado. Esa superposición de planos está escalonado: el primer plano parece una fotografía, y a medida que retrocedemos “hacia el fondo” del cuadro, los planos se diluyen poco a poco. Un tobogán que lleva de lo luminoso hasta lo oscuro con una velocidad vertiginosa. Luz fulgurante delante del todo, penumbra en la parte de atrás; ese juego de luces anda en consonancia con el color, complementario pero esencial (por ejemplo, el color de la ropa de Ruytenburch no es aleatorio) para conseguir ese efecto dimensional de capas. Volviendo a la luz, su uso intencionado es claro en el caso de la niña que aparece en un segundo plano, al lado de Cocq: se la puede ver (iluminada como Ruytenburch) mientras se desplaza con un gallo atado a su cintura, convertida en otro punto de atención. 

La ronda nocturna es un cuadro excelente (otro más) del bueno de Rembrandt, esas obras que cuando las ves en directo transmiten mil sensaciones. Si podéis verla, no olvidéis hacerlo un par o tres de veces antes de abandonar el museo: seguro que os dice algo diferente en cada ocasión.

1 comentario en “MIREMOS UN CUADRO (I): “LA RONDA NOCTURNA” – REMBRANDT

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