MIREMOS UN CUADRO (II): “LA ESCUELA DE ATENAS” – RAFAEL SANZIO

  • Título original: La Scuola di Atene.
  • Autor: Rafael Sanzio (1483-1520)
  • Fecha: 1510-1511
  • Estilo: Renacimiento (Cinquecento)
  • Método: Fresco sobre muro.
  • Localización: Sala de la Signatura, El Vaticano

Considerada como una obra de arte de la perspectiva, La Escuela de Atenas simboliza como ninguna obra el espíritu y los ideales que dieron forma al Renacimiento: la recuperación de los clásicos griegos. Es un fresco en el que aparece lo más selecto de la Filosofía y otras artes libres antiguas como la Gramática, Aritmética, Música, Geometría, Astronomía, Retorica y Dialéctica. Todas esas figuras, dinámicas y conversando, pensando, discutiendo… son una masa dinámica que contrasta con la frialdad y quietud arquitectónica, conformando un conjunto que parece hecho de dos planos.

Platón y Aristóteles.

Hay tantas figuras importantes de la historia del pensamiento que toda la Antigua Grecia está representada. Podríamos decir que es como un libro de Historia ilustrado. Un libro que “leemos” comenzando por Platón y Aristóteles, los dos grandes filósofos de la Antigüedad. Están en el centro del fresco y de ellos emana el resto de la obra, son los elementos que capitalizan al resto. Si nos fijamos en ellos con atención, podemos observar que las manos juegan un papel importante a la hora de definir las filosofías que cada uno de ellos defendía. Platón, que defendía lo abstracto e idealista, apunta con el dedo al cielo, al mundo de las ideas; en cambio, Aristóteles sitúa su mano plana hacia el suelo, hacia la realidad como buen defensor de la filosofía empírica.

Detalle de los libros Timeo y Ética

Si entramos ya en grandes detalles, podemos observar que Platón lleva en sus manos un volumen de Timeo, mientras que Aristóteles (que fue su pupilo) un volumen de Ética. Otra muestra más de la confrontación central del cuadro, que no deja de ser la plasmación de las dos grandes corrientes que hubo en la Antigüedad en cuanto a la Filosofía se trata: por un lado el pensamiento casi místico, muy abierto a varias interpretaciones, y por otro lado una filosofía que sería el origen de la propia ciencia, basada en datos y hechos comprobables y medibles.

Y a partir de ahí, llega toda la alineación estelar.

Alejandro Magno
Sócrates, hablando sin parar…

Al lado de Platón, a su derecha, encontramos a Sócrates haciendo lo que mejor sabía: exponer su ideas mediante el diálogo (nunca dejó escritas sus teorías), herramienta que consideraba esencial para ejercer el pleno pensamiento y acceder a la verdad. Su (más que seguro) interesante discurso es escuchado con atención por varias personas entre las cuales encontramos para nuestra sorpresa mismísimo Alejandro Magno (el único armado de toda la obra), que fue alumno de Aristóteles y tal vez por ese motivo aparece en una obra en la que realmente parece no tener razón de ser (pero recordemos que Rafael lo hacía todo con una intención clara, tal vez todavía no la hemos adivinado).

Pitágoras a lo suyo…
Averroes tomando nota…

Justo debajo de ellos encontramos a Pitágoras que escribe ajeno a todas las miradas a su alrededor, que observan cómo el matemático (y también músico) se halla en pleno proceso creativo. Entre ese reducido grupo de espectadores encontramos a uno que resulta ser un intruso en el tiempo y el espacio: el hombre conocido como Averroes, que fue un filósofo islámico del siglo XII pero que siempre defendió las figuras de la Antigua Grecia; esa defensa acérrima por lo clásico le hizo merecedor de aparecer en el fresco.

Diógenes haciéndose “el malote”…
Heráclito, “rallado”…

Regresando de nuevo al centro del cuadro, pero bajando por los escalones a los pies de Platón y Aristóteles, encontramos a Heráclito y Diógenes. El primero está muy taciturno y pensativo, diríamos que hasta en cierto modo melancólico, permaneciendo ajeno a todo lo que sucede a su espalda; por otro lado, el bueno de Diógenes hace honor a su apodo, “el Cínico”, y lo encontramos tirado en la escalera como si se hubiera caído de un caballo como gesto de rebeldía ante el bullicio y solemnidad del ambiente.

Euclides
Zoroastro y Ptolomeo (de espaldas)

Al a izquierda de Diógenes encontramos a Euclides. Está agachado en una posición sin duda incómoda y del todo absorto con su compás; de este modo no está atento a algo que parece decir Ptolomeo, a quien vemos de espaldas y con la corona egipcia para dejar clara su procedencia Sostiene en su mano izquierda un globo terráqueo, símbolo inequívoco de su teoría mediante la cual el mundo se encontraba y era el centro del Universo. Frente a él, con un orbe que parece del cielo estrellado, se encuentra el profeta Zoroastro.

La siempre olvidada Hipatia
Rafael

Hay tantas y tantas figuras, decenas de personajes que hacen cosas distintas, hablan, escuchan, discuten… y de todas ellas, sólo dos nos miran fijamente. Dos de esos personajes rompen la cuarta pared del fresco e interpelan directamente al espectador como un gesto de complicidad: el propio Rafael, que está junto a Ptolomeo y Zoroastro,y la filósofa Hipatia (la única mujer de toda la obra) que se encuentra encima de Averroes. Un gesto de complicidad y al mismo tiempo una reivindicación del papel femenino, invisible por completo en aquella época.

La Escuela de Atenas es sin duda una obra que podríamos observar durante días y siempre se encontrarían interpretaciones, ¿podéis encontrar algunas de ellas?

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